(...)
Y cuando ella me hable
de un cielo oscuro, de un paisaje blanco,
recordaré
estrellas que no vi, que ella miraba,
y nieve que nevaba allá en su cielo.
Con la extraña delicia de acordarse
de haber tocado lo que no toqué
sino con esas manos que no alcanzo
a coger con las mías, tan distantes.
Y todo enajenado podrá el cuerpo
descansar, quieto, muerto ya. Morirse
en la alta confianza
de que este vivir mío no era sólo
mi vivir: era el nuestro.
Y que me vive
otro ser por detrás de la no muerte.
Pedro Salinas
Y cuando ella me hable
de un cielo oscuro, de un paisaje blanco,
recordaré
estrellas que no vi, que ella miraba,
y nieve que nevaba allá en su cielo.
Con la extraña delicia de acordarse
de haber tocado lo que no toqué
sino con esas manos que no alcanzo
a coger con las mías, tan distantes.
Y todo enajenado podrá el cuerpo
descansar, quieto, muerto ya. Morirse
en la alta confianza
de que este vivir mío no era sólo
mi vivir: era el nuestro.
Y que me vive
otro ser por detrás de la no muerte.
Pedro Salinas

2 Comments:
que extraño es muchas veces el amor.. pretender ser otra persona sabiendo que es imposible, intentar unir dos cosas que por muy cercanas que parezcan siempre estarán separadas por un millón de recuerdos
Iba a comentar que me parece brillante tu poema, eso estaba pensando cuando he llegado al final y he visto el autor.
El caso es que me has alegrado los minutos que le quedan a este día, me hubiera sentido un poco gilipollas si hubiera pensado que el poema era malo antes de descubrir que es de uno de los pocos poetas a los que soporto.
Sin más.
Salud.
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